Hay vinos que se abren y cuentan una historia.Y después están los otros: los que parecen haber esperado en silencio, sin apuro, hasta el momento exacto. Eso me pasó con un Protos 2011, un vino de Ribera del Duero que abrí después de 14 años de cosecha y que, para mi sorpresa —y mi felicidad de sommelier con corazón sensible— seguía fresco, vibrante y entero. No apareció esa sensación de vino cansado. No había aromas apagados, notas excesivamente evolucionadas ni señales clara