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Miraluna: vinos de altura y una experiencia entre viñedos en Cachi

Actualizado: hace 2 días




Hay lugares donde el vino se entiende mucho mejor cuando uno mira alrededor. Cachi, en Salta, es uno de ellos.


En pleno Valle Calchaquí, a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar y rodeado por montañas, cardones y paisajes inmensos, el vino forma parte de una viticultura marcada por condiciones extremas. Allí se encuentra Miraluna, una bodega familiar cuyos viñedos llegan hasta los 2.800 metros de altura.


Una bodega a 2.600 metros de altura


La historia de Miraluna comenzó en 2004, cuando la familia Urtasun encontró un terreno a pocos kilómetros del pueblo de Cachi.


El proyecto nació inicialmente como un refugio en la montaña: primero llegaron las cabañas y, algunos años después, el vino. En 2007 se plantaron las primeras vides y aquel lugar pensado para disfrutar del paisaje terminó convirtiéndose también en una bodega.

Hoy Miraluna trabaja con dos fincas. Una está ubicada a unos 2.600 metros sobre el nivel del mar y la otra alcanza aproximadamente los 2.800 metros.


La altura no es solamente un número llamativo para contar en una etiqueta. Tiene un impacto directo sobre las condiciones en las que se desarrolla la vid.

En esta zona, las plantas conviven con una gran intensidad solar, una marcada amplitud térmica entre el día y la noche, muy pocas lluvias y suelos pobres, donde predominan materiales como arena y lajas.


Son condiciones exigentes para cualquier cultivo, pero también parte fundamental de la identidad de los llamados vinos de altura del Valle Calchaquí.


Malbec, Merlot y Cabernet Franc en Cachi


Entre las variedades cultivadas por Miraluna aparecen Malbec, Merlot y Cabernet Franc.

Y las etiquetas también buscan contar algo del lugar.


La línea Ekeko toma su nombre de la figura andina asociada con la abundancia y se conecta con la cultura y las tradiciones del norte argentino.


La línea Miraluna, en cambio, está directamente vinculada con el paisaje de Cachi y con la identidad del proyecto.


Entre los vinos de mayor guarda aparece Tata Dios, su Gran Malbec, con una crianza prolongada en barricas y posteriormente en botella.


Más allá de las diferencias entre cada etiqueta, hay un elemento que atraviesa toda la propuesta: intentar expresar un territorio que está entre los más extremos de la vitivinicultura argentina.


Dormir entre viñedos


Una de las particularidades de Miraluna es que la experiencia no termina cuando termina la degustación.


El proyecto combina bodega, viñedos y alojamiento, por lo que es posible recorrer la finca, conocer cómo se elaboran los vinos, probar las diferentes etiquetas y después quedarse a dormir en cabañas ubicadas entre las vides.


Eso permite vivir algo que muchas veces olvidamos cuando hablamos de vino: detrás de cada botella existe un paisaje, un clima, un suelo y un grupo de personas que decidieron hacer vino justamente allí.


Y cuando uno está sentado frente a esos viñedos, a 2.600 metros de altura, la idea de “vino de altura” deja de ser una frase de marketing para convertirse en algo bastante más concreto.


El vino también se conoce viajando


Podemos estudiar variedades, regiones, métodos de elaboración y estilos. Pero viajar a una región vitivinícola agrega otra dimensión.


Entender cuánto cambia la temperatura cuando cae el sol, caminar sobre esos suelos, mirar la pendiente de un viñedo o comprobar lo seco que puede ser el paisaje ayuda a interpretar después lo que aparece dentro de la copa.


Por eso hay vinos que simplemente se prueban.


Y hay vinos que, para comprenderlos de verdad, vale la pena viajar hasta el lugar donde nacieron.


¿Conocías los vinos de Cachi? ¿Te gustaría dormir entre viñedos a 2.600 metros de altura?


 
 
 

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