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Mercat Villa Crespo: un viaje por Asia sin salir de Buenos Aires

Buenos Aires tiene esa capacidad bastante extraordinaria de permitirnos viajar sin subirnos a un avión.


A veces alcanza con cruzar una puerta, probar algo que nunca habíamos comido y descubrir que detrás de ese plato hay una historia, una celebración y una cultura completa. Eso es, en buena medida, lo que propone Mercat Villa Crespo.


Ubicado en Thames 747, en pleno Villa Crespo, Mercat nació como un mercado gastronómico, pero con el tiempo fue desarrollando una identidad muy vinculada con la cultura asiática. Hoy conviven allí gastronomía japonesa y coreana, street food, matcha, soju, productos importados, manga, animé, música y diferentes expresiones de la cultura pop.


Y quizás eso sea lo más interesante del lugar: no se trata solamente de ir a comer.


De mercado gastronómico a experiencia cultural


Cuando Mercat abrió sus puertas en 2021, lo hizo siguiendo el concepto de los grandes mercados gastronómicos internacionales: reunir diferentes propuestas en un mismo espacio y generar un punto de encuentro entre productores, cocineros y consumidores.

Con el tiempo, parte de su propuesta evolucionó hacia una identidad asiática mucho más marcada.


Uno de sus espacios más reconocibles recrea la estética de los callejones urbanos japoneses: luces, carteles, referencias al animé y una ambientación que busca algo bastante diferente del Japón minimalista que muchas veces imaginamos.


Acá aparece otro Japón: el nocturno, urbano, pop y lleno de estímulos.

Y esa ambientación acompaña una oferta gastronómica cada vez más familiar para los argentinos.


Hace algunos años, palabras como onigiri, kimchi, matcha o soju podían sonar completamente desconocidas. Hoy forman parte del vocabulario gastronómico de muchos consumidores, especialmente entre las generaciones más jóvenes.


De mirar animé a comer onigiri


El crecimiento de la cultura asiática en la Argentina no puede separarse de fenómenos como el animé, el K-pop, las series coreanas y las redes sociales.


Muchos platos llegaron primero a través de una pantalla.


El onigiri, por ejemplo, esa preparación japonesa de arroz generalmente triangular y rellena, aparece desde hace décadas en mangas y animé. Hoy puede encontrarse fácilmente en diferentes propuestas gastronómicas porteñas.


Lo mismo ocurre con el matcha, el ramen, los dumplings, el kimchi o el soju.


Y ahí aparece un fenómeno cultural interesante: primero conocemos el producto, después empezamos a preguntarnos por la cultura que existe detrás.


El Festival de la Luna: mucho más que mooncakes


Uno de los ejemplos más lindos de esa conexión es el Festival de la Luna, también conocido como Festival de Medio Otoño.


Se trata de una de las celebraciones tradicionales más importantes de China y de otras comunidades asiáticas.


La fiesta ocurre alrededor de la luna llena y tiene un significado profundamente familiar: la luna redonda representa reunión, totalidad y unión. Por eso es una celebración vinculada con encontrarse, compartir una comida, contemplar la luna y desear prosperidad.


Y, como sucede en casi todas las grandes celebraciones del mundo, la gastronomía ocupa un lugar central.


¿Qué son los mooncakes?


Los protagonistas gastronómicos del Festival de la Luna son los mooncakes o pasteles de luna. Son pequeños pasteles generalmente redondos, muchas veces decorados con relieves y caracteres en la superficie.


Su forma tampoco es casual: el círculo vuelve a representar la reunión y la unidad familiar.


Existen innumerables versiones y rellenos. Algunos de los más tradicionales incluyen pasta de semillas de loto, pasta de porotos rojos, frutos secos o yema de huevo de pato salada.


Esta última tiene además un componente simbólico muy bonito: cuando se corta el pastel, la yema redonda en el centro recuerda a la luna llena.


No es exactamente nuestro alfajor, digamos. Conviene probarlo con la cabeza —y el paladar— abiertos.


¿Y qué se toma?


Las bebidas también forman parte de la celebración. El té es uno de los grandes compañeros de los mooncakes, especialmente porque estos pasteles suelen ser densos, dulces e intensos.


También existe una bebida tradicional asociada al Festival de Medio Otoño: el vino de osmanto. El osmanto es una flor muy aromática, cuyos perfumes suelen recordar al damasco y al durazno. Su floración coincide con esta época del año y su presencia en bebidas y preparaciones está asociada con ideas de prosperidad, armonía y reunión.


Y ahí volvemos a algo que me fascina del mundo de las bebidas: casi nunca tomamos solamente un líquido. Tomamos también historia, costumbres y rituales.


Buenos Aires está incorporando algo más que sabores


Durante años, la gastronomía asiática en Buenos Aires estuvo asociada casi exclusivamente al sushi.


Eso cambió. Hoy encontramos ramen, baos, dumplings, kimchi, curry, onigiri, matcha y muchas otras preparaciones en diferentes barrios de la ciudad.


Pero quizás el cambio más interesante sea otro. Ya no estamos incorporando solamente los platos. También empezamos a conocer las celebraciones, las bebidas, los ingredientes, la música y las historias que existen alrededor de ellos.


Y espacios como Mercat Villa Crespo funcionan justamente como una puerta de entrada a ese universo. Porque la gastronomía es mucho más que comer.


Es cultura, migración, identidad, tradición y memoria.


Y a veces alcanza con entrar a un mercado de Villa Crespo, probar un pastel de luna y descubrir que acabamos de viajar varios miles de kilómetros sin salir de Buenos Aires.


 
 
 

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