Una ensaimada gigante, ajíes protegidos en el Ártico y un vehículo volador: tres historias que parecen del futuro
De una fiesta tradicional en San Pedro a la bóveda de semillas de Svalbard y un eVTOL chino que se pilota de pie: tres noticias que mezclan gastronomía, patrimonio, ciencia y tecnología.
Hay noticias que parecen no tener nada que ver entre sí. Una ensaimada de dos metros de diámetro, semillas de ají peruano guardadas en el Ártico y un vehículo volador que se maneja de pie podrían pertenecer perfectamente a tres universos diferentes.
Sin embargo, las tres tienen algo en común: hablan de cómo convivimos con la tradición, cómo protegemos lo que queremos conservar y cómo imaginamos el futuro.
Estas fueron algunas de las historias que compartimos en mi columna de Qué Mañana, por Canal 9, junto a Julián Weich y equipo.
Una ensaimada de casi dos metros en San Pedro
San Pedro volvió a celebrar uno de sus encuentros gastronómicos más tradicionales: la XXII Fiesta Nacional de la Ensaimada Mallorquina.
El evento reunió a vecinos y turistas en el Paseo Público Municipal y tuvo nuevamente como uno de sus momentos centrales la presentación de la Gran Ensaimada.
En esta edición, la pieza alcanzó aproximadamente dos metros de diámetro.
La preparación estuvo a cargo de docentes y alumnos del Centro de Formación Laboral N.º 403, que llevaron la receta tradicional mallorquina a una escala difícil de imaginar cuando pensamos en una ensaimada convencional.
Para elaborarla se utilizaron:
40 kilos de harina.
15 kilos de azúcar.
180 huevos.
2 kilos de levadura fresca.
20 kilos de saïm.
120 kilos de dulce de leche.
5 kilos de azúcar impalpable.
Uno de los ingredientes fundamentales es justamente el saïm, grasa de cerdo que forma parte de la receta tradicional y que incluso está relacionada con el nombre de esta preparación.
La fiesta también contó con desfiles institucionales, colectividades, trajes típicos y diferentes expresiones culturales.
Más allá del impacto que genera una ensaimada de semejante tamaño, este tipo de celebraciones muestran algo interesante: cómo una receta puede transformarse en símbolo de identidad y mantenerse viva a través de las generaciones.
Perú manda sus ajíes al “Arca de las semillas”
La segunda historia nos lleva bastante más lejos: hasta Svalbard, un archipiélago noruego ubicado en el Ártico.
Por primera vez, el Instituto Nacional de Innovación Agraria de Perú depositó 25 variedades de ajíes nativos en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard.
El lugar suele ser conocido como el “Arca de las semillas del mundo”.
El objetivo de esta enorme infraestructura subterránea es conservar copias de semillas provenientes de bancos de germoplasma de todo el planeta para proteger la biodiversidad agrícola. Las muestras peruanas corresponden a cuatro especies del género Capsicum: C. chinense, C. frutescens, C. baccatum y C. annuum.
¿Por qué es importante conservarlas?
Porque detrás de cada variedad existe mucho más que un nivel diferente de picor. Hay sabores, colores, características agronómicas y material genético que en el futuro puede resultar fundamental para desarrollar cultivos capaces de adaptarse a nuevas condiciones ambientales.
La diversidad genética puede ser especialmente importante frente al cambio climático, nuevas enfermedades de los cultivos o modificaciones en las condiciones de producción.
La Bóveda Global de Svalbard funciona como una especie de copia de seguridad de la agricultura mundial. Cuenta con más de 1,3 millones de muestras y conserva semillas de miles de variedades cultivables.
El sistema tiene además una característica importante: las semillas continúan perteneciendo a la institución que las deposita. La bóveda simplemente las conserva y únicamente el banco depositante puede solicitar su devolución.
En 2026, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard fue distinguida con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional.
Quizás nunca pensemos en una semilla de ají como patrimonio. Pero cuando una variedad desaparece, no solamente perdemos un ingrediente: también perdemos diversidad biológica, conocimiento y parte de una cultura gastronómica.
Un vehículo volador que se pilota de pie
La tercera noticia cambia por completo de escenario y nos lleva a China.
La startup CoolFly presentó Urban, un vehículo eléctrico de despegue y aterrizaje vertical, conocido por sus siglas eVTOL, diseñado para ser pilotado con la persona de pie. Visualmente se parece más a una enorme plataforma aérea que al auto volador que durante décadas imaginó la ciencia ficción.
Tiene aproximadamente 3,5 metros de diámetro y una estructura con forma de flor. Cuatro hélices se encuentran dentro de secciones similares a pétalos y están protegidas por rejillas de seguridad.
En el centro se ubica el piloto. Uno de los desafíos técnicos más interesantes aparece precisamente por esa posición. Cuando una persona permanece de pie, su centro de gravedad cambia constantemente con cada movimiento del cuerpo. En una aeronave pequeña, esas modificaciones pueden afectar considerablemente la estabilidad.
Para resolverlo, CoolFly desarrolló un sistema basado en sensores e inteligencia artificial que analiza en tiempo real los movimientos del piloto y ajusta el empuje de los rotores.
El vehículo también incorpora un sistema de control de vuelo de doble redundancia. Esto significa que cuenta con dos unidades independientes: si el sistema principal presenta un problema, el secundario puede asumir el control.
Entre las medidas de seguridad anunciadas se encuentran también detección de obstáculos mediante lidar y visión artificial, trajes con airbag y un paracaídas diseñado para todo el vehículo.
CoolFly apunta a avanzar hacia la producción en serie de Urban, mientras China impulsa el desarrollo de lo que denomina la economía de baja altitud, un sector que incluye drones, eVTOL y nuevas formas de movilidad aérea.
Todavía estamos lejos de saber si estos vehículos terminarán formando parte de nuestra vida cotidiana.
Pero hay algo interesante: durante décadas imaginamos el auto volador como un automóvil tradicional que simplemente levantaba vuelo. Tal vez el verdadero futuro de la movilidad aérea termine teniendo una forma completamente diferente.
Tradición, conservación y futuro
Una ensaimada de dos metros, 25 variedades de ají guardadas bajo el hielo del Ártico y una plataforma eléctrica capaz de transportar a una persona por el aire.
Tres historias que, a primera vista, no tienen ninguna relación. Pero quizás sí. Una habla de mantener una tradición. Otra, de conservar biodiversidad para las generaciones futuras. Y la tercera, de inventar tecnologías que todavía estamos aprendiendo a incorporar.
Porque algunas veces el futuro consiste en crear algo completamente nuevo. Y otras veces consiste simplemente en asegurarnos de no perder aquello que ya tenemos.


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