De Nueva York a las Dolomitas: tres historias increíbles que recorren el mundo
- Marisol de la Fuente

- hace 3 horas
- 3 min de lectura
Una carrera de 21 kilómetros con paradas en panaderías, 1.800 personas moviendo un castillo de 360 toneladas y turistas que suben hasta los 2.300 metros para conseguir un dulce viral.
Tres historias que mezclan gastronomía, tradición, turismo y fenómenos de redes sociales. Hay noticias que parecen inventadas, pero son reales. En mi columna de Qué Mañana por Canal 9 recorrimos tres historias que llaman la atención no solo por lo insólitas, sino también porque muestran cómo una experiencia local puede transformarse en un fenómeno global.
Una media maratón por las mejores panaderías de Nueva York
La NYC Bakery Run propone algo muy distinto a una carrera tradicional: correr 21 kilómetros por Brooklyn y Manhattan con paradas en algunas de las panaderías más reconocidas de Nueva York.
El recorrido comienza en La Cabra, en Bushwick, y conecta distintos locales gastronómicos, entre ellos Radio Bakery, Librae Bakery, Raf’s y L’Appartement 4F.
Los participantes avanzan en grupos y realizan tramos de aproximadamente tres kilómetros. Al llegar a cada panadería, hacen una parada técnica para descansar, hidratarse, reagruparse y, por supuesto, comer.
La experiencia está pensada para que la comida forme parte del recorrido sin convertirlo en una prueba imposible: muchas de las piezas de pastelería se sirven en porciones pequeñas o cortadas para compartir.
El furor fue enorme. Más de 17.000 personas se postularon para participar, pero solo 100 corredores son seleccionados mediante un sistema de lotería.
La propuesta busca quitarle presión competitiva al running y poner el foco en la comunidad, el bienestar y el disfrute.
1.800 personas movieron un castillo de 360 toneladas en Japón
En la prefectura de Aomori, en el norte de Japón, 1.800 personas participaron de una escena impactante: mover el histórico torreón del castillo de Hirosaki.
La estructura pesa unas 360 toneladas y fue desplazada más de dos metros mediante cuerdas y rieles.
La operación forma parte de un proceso de restauración que busca devolver la torre a su posición original. Años atrás había sido movida para poder reparar uno de los muros del castillo, dañado por un terremoto.
Para realizar el traslado se utiliza una técnica tradicional japonesa llamada hikiya, que permite mover edificios completos sin desarmarlos.
El castillo de Hirosaki es uno de los 12 torreones originales que quedan en Japón y el único de este tipo en la región de Tohoku.
Además, se encuentra dentro de un parque muy visitado durante la temporada de los cerezos en flor. Sin embargo, las tareas de restauración continuarán durante varios años y la reapertura está proyectada para 2033.
El dulce viral de las Dolomitas
La tercera historia nos lleva a Italia.
En el refugio Friedrich August, en Val di Fassa, turistas y excursionistas hacen largas filas para conseguir unos krapfen, unos bollos similares a unas donas rellenos de crema de vainilla.
El detalle que vuelve todo todavía más llamativo es la ubicación: el refugio se encuentra a unos 2.300 metros de altura, en las Dolomitas.
Los krapfen salen a la venta temprano y suelen agotarse en pocas horas. En redes sociales comenzaron a circular imágenes de filas de cientos de personas esperando para probarlos.
Sin embargo, no se trata de un producto nuevo. En el refugio aseguran que los preparan desde hace alrededor de 40 años. Lo que cambió fue su exposición: una foto publicada en redes sociales convirtió una tradición local en una atracción turística.
El fenómeno también reavivó el debate sobre el impacto del turismo viral en destinos de montaña y sobre cómo las redes pueden concentrar visitantes en determinados lugares y momentos.
Cuando una tradición se vuelve viral
Las tres historias tienen un punto en común.
Una carrera gastronómica, una técnica ancestral para mover edificios y un dulce preparado desde hace décadas existían mucho antes de convertirse en fenómenos internacionales.
Pero hoy una imagen, un video o una experiencia diferente pueden hacer que una tradición local recorra el mundo en cuestión de horas.
Y quizás ahí esté lo más interesante: muchas veces lo viral no inventa nada. Simplemente hace visible algo que ya existía y que, de repente, todos quieren conocer.
Estas historias fueron parte de mi columna en Qué Mañana por Canal 9.
👉 Mirá la columna completa en mi canal de YouTube SOLSOMMELIER.

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