¿Viralidad o sacrilegio? Las tendencias que están cambiando la forma de tomar vino
Sauvignon Blanc con jalapeño. Vino tinto con helado. Gatorade con vino. Messi tomando tinto con Sprite.
Las redes sociales están llenas de combinaciones que, para algunos amantes del vino, rozan el sacrilegio. Pero también generan millones de visualizaciones, conversaciones y, sobre todo, curiosidad. Entonces la pregunta es inevitable: ¿las tendencias virales le hacen bien al vino o terminan banalizándolo?
Y, desde el marketing, aparece otra aún más importante: ¿la industria debería resistirse a estas modas o aprender a aprovecharlas?
Spicy Sauvy B: Sauvignon Blanc con jalapeño
Una de las tendencias más comentadas de los últimos tiempos es el llamado Spicy Sauvy B: Sauvignon Blanc servido bien fresco con rodajas de jalapeño.
Más allá del efecto TikTok, la combinación tiene cierta lógica sensorial. El Sauvignon Blanc puede expresar aromas verdes, herbales y vegetales, mientras que su buena acidez aporta frescura frente al picante.
¿El problema? Si exageramos con el jalapeño, la capsaicina se apodera de la boca y el vino desaparece por completo. Como en tantas cosas, la clave está en la medida.
Pero desde el punto de vista del marketing ocurre algo mucho más interesante: una variedad de uva se convierte en un fenómeno cultural y consigue que personas que quizás nunca habían comprado Sauvignon Blanc quieran probarlo.
Vino tinto con helado
Otra tendencia viral propone servir una o dos bolas de helado de vainilla en una copa y agregar vino tinto. Parece un affogato vínico y visualmente funciona perfecto para redes.
Ahora bien, técnicamente no cualquier vino va a funcionar. El dulzor del helado puede hacer que un tinto muy seco y tánico se perciba más amargo o astringente.
La combinación resulta mucho más amable con vinos jóvenes, frutados, ligeros y con pocos taninos. Nuevamente, el punto no es solamente si a un sommelier le gusta o no.
La pregunta es qué sucede cuando alguien entra a una vinoteca y pregunta: “¿Qué vino compro para probar esto?”. Ahí ya existe curiosidad. Y también intención de compra.
Gatorwine: cuando TikTok pierde un poco los frenos
El Gatorwine llevó la experimentación un paso más allá: vino tinto mezclado con Gatorade. La receta se volvió viral en Estados Unidos y generó algo fundamental para cualquier fenómeno digital: gente probándolo, reaccionando, opinando y produciendo nuevos contenidos.
¿Es una recomendación de servicio? Definitivamente no.
¿Es interesante desde el marketing? Muchísimo.
Porque muestra cómo funciona una tendencia viral: alguien hace algo suficientemente extraño como para llamar la atención, otros quieren comprobar si realmente funciona y, en pocos días, una combinación absurda puede convertirse en conversación global.
Eso sí: no hay que confundir viralidad con información nutricional. El Gatorade no “compensa” el alcohol ni evita sus efectos. El cambio es principalmente sensorial: azúcar, sabor y dilución modifican la percepción del vino.
Messi, vino y Sprite: el caso más interesante
Y después apareció Lionel Messi. Cuando contó públicamente que disfruta el vino con hielo y Sprite, la combinación explotó en redes. Lo más divertido es que no inventó absolutamente nada.
En España existen desde hace décadas preparaciones como el tinto de verano. En Argentina, mezclar vino con soda o gaseosa es parte de muchas historias familiares.
En mi caso, me hizo pensar inmediatamente en mi papá, que tomaba vino tinto con gaseosa de naranja los domingos con las pastas.
¿Estaba mal? No.
Porque hay una idea que sostengo desde hace mucho: no hay nada mal en el disfrute. Y lo realmente importante del fenómeno Messi no fue la receta.
Fue el permiso cultural. Una de las personas más conocidas del mundo dijo, de manera simple y sin pretensiones: “A mí me gusta así”. Sin notas de cata. Sin copas especiales. Sin hablar de terroir, puntajes ni protocolo. Y millones de personas entendieron algo muy simple: puedo tomar vino como me gusta a mí.
¿Las tendencias virales ayudan o perjudican al vino?
Hay argumentos para los dos lados. Por un lado, las tendencias virales pueden desacralizar el vino, acercarlo a nuevos públicos, generar conversación y crear nuevas ocasiones de consumo.
También permiten que el consumidor deje de ser solamente receptor y se convierta en creador: mezcla, prueba, recomienda, filma y comparte.
Pero existe también un riesgo. Una moda puede terminar tapando al producto, banalizar determinadas categorías o hacer que las marcas se desesperen por subirse a cualquier tendencia simplemente porque está funcionando en redes.
Y ahí aparece una regla clave del marketing: no toda tendencia sirve para todas las marcas.
¿Las bodegas deberían subirse a las tendencias?
Sí, cuando tiene sentido. En marketing existe el concepto de newsjacking: aprovechar una conversación, noticia o tendencia que ya está ocurriendo para insertar a una marca de manera relevante. Pero hay una palabra fundamental: relevante.
Antes de sumarse a una tendencia, una bodega debería preguntarse:
¿Tiene relación con mi identidad?
¿Le interesa a mi consumidor?
¿Tengo algo propio para aportar?
¿Estoy llegando a tiempo?
¿Esto construye marca o solamente busca likes?
Porque la primera marca que reacciona a Messi tomando vino con Sprite puede formar parte de la conversación. La número 50 probablemente solo llegó tarde a la fiesta.
Viralidad no es lo mismo que tendencia de consumo
También es importante separar las modas pasajeras de los cambios reales del mercado. El Gatorwine puede desaparecer mañana. Pero otros fenómenos, como los vinos bajos o sin alcohol, los tintos servidos frescos, los formatos individuales o los vinos en lata responden a cambios mucho más profundos en las ocasiones y hábitos de consumo.
Ahí ya no hablamos de una tendencia de TikTok. Hablamos de consumidores que están cambiando.
¿El vino tiene que defender sus reglas o recuperar relevancia?
Quizás ese sea el debate más interesante. Durante mucho tiempo la industria comunicó el vino como una bebida que había que aprender a tomar. Copa correcta. Temperatura correcta. Maridaje correcto. Forma correcta de servirlo. Tal vez sea momento de invertir la lógica.
Primero te divierte. Después te interesa. Y recién después aprendés.
Alguien puede empezar tomando Sauvignon Blanc con jalapeño y terminar descubriendo Marlborough o Sancerre. Puede empezar con vino y Sprite y después interesarse por un Malbec. No sabemos cuál será la puerta de entrada de cada consumidor. Por eso, quizás la pregunta no sea si alguien está tomando el vino “correctamente”.
La pregunta es mucho más importante: ¿preferimos que alguien experimente con el vino o que directamente deje de elegirlo?
El vino tiene miles de años de historia. Sobrevivió a imperios, guerras, cambios culturales y revoluciones tecnológicas. Probablemente también sobreviva a TikTok. Y quizás, incluso, pueda aprovecharlo.


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