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¿Qué significa el vino para los argentinos y por qué?

Con sus más de 8.000 años, el vino nos viene acompañando y evolucionando con nosotros.


El vino es cultura, es trabajo, es tradición, son historias, recuerdos, anécdotas. Es mucho más que sólo una bebida; es parte de tu historia, de la mía y de la historia de la civilización. Son las vides en el patio de un abuelo y las comilonas de domingo en familia que se combinan con un brindis de alegría y con cenas románticas, reuniones y eventos de todo tipo, que a los argentinos nos encantan.


Pero volvamos a los datos. Con sus más de 8000 años, el vino nos viene acompañando y evolucionando con nosotros. De hecho, es parte de nuestra vida diaria aun cuando no lo bebamos, porque el vino hoy es una gran industria nacional. De origen euroasiático, la vid fue protagonista de los cultos religiosos egipcios, de las comidas griegas y siguió el camino de Roma durante la expansión del imperio por Europa, donde nacieron los hoy afamados chateaux (antiguos palacios con viñedos y, en algunos casos, monasterios), donde surgieron los vinos de la nobleza y donde se empezó a usar el roble.


De esos monasterios emergió también el afamado champagne francés, que conquistó a todos porque “bebían estrellas”, parafraseando al monje y cheff de cave Dom Pérignon. Con el imperio perdido, las vides quedaron en pie y fueron los monjes quienes continuaron con su cultura, porque, no olvidemos, para ellos era y es la sangre de Cristo. Nada menos.


¿Cómo llegó entonces la vid a América?

Con la colonización, claro. El religioso venía con sus vinos y sus vides y durante varios siglos más serían los únicos responsables de producir vino para el oficio religioso y para su comercialización en el continente. Dicen algunos textos que en la Argentina el primer vino local se hizo en Jesus María, Córdoba, donde los jesuitas tuvieron uno de sus mayores centros religiosos; otras crónicas sostienen también que Entre Rios y Buenos Aires tuvieron un gran auge productor hasta que una ley, hoy derogada, prohibió allí su cultivo en la década del ´30.

¿Pero qué es el vino para nosotros?

Es una experiencia en la que disfrutas lo que hay en esa copa en un momento y lugar precisos. Desde luego, hay técnicas de degustación simples que comparto en mi libro, así como también reglas por seguir para guardar vinos en tu cava o entender cómo se produce cada estilo o qué comprar en el supermercado o en la vinoteca, porque nunca el precio es la única variable ni la más importante.

También hay mitos que opacan la vivencia como. Algunos ejemplos. ¿Los vinos con tapa a rosca son malos? ¿Los buenos vinos siempre tienen botellas pesadas de base profunda? ¿Los blancos causan dolor de cabeza? ¿El vino se toma a temperatura ambiente? Estas dudas, y otras, son algunas de las creencias que alejan al consumidor de nuestra bebida nacional, porque lo llevan a pensar que no sabe nada de vinos.

Sin duda, el vino es parte de nuestra historia, así como lo fue de la de nuestros antepasados. Está presente en nuestra mesa, es alimento y es cultura argentina. Entonces, ¿cuál es el mejor vino? El mejor vino, el más valioso, siempre es el que más te gusta. ¿Así de simple? Así de simple, y lo genial del vino es que, como en música, sus variaciones y armonías son tantas, que conocer la forma en que se lo produce, las características de las regiones vitivinícolas y los minuciosos cuidados de la vid te harán disfrutar más y mejor.


Marisol de la Fuente

Sommelier, bartender, licenciada en comunicación y autora del libro “Te cuento el vino”.

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